Una luz en medio de tiempos sombríos

13.03.2019


El poeta Bertolt Brecht anunció los tiempos sombríos que ahora vivimos y pedía cierta indulgencia para poder soportar las duras condiciones que ahora padecemos. Si bien estamos consumidos por necesidades materiales ficticias que lo único que hacen de nosotros es hacernos consumidores que llenan sus hogares de objetos innecesarios, vivimos épocas de carencia de valores y compromiso.

Los grandes avances científicos han permitido la cura de muchas enfermedades, incluidas las psíquicas. Hoy a nadie se le ocurre el electroshock como cura de un trauma afectivo. Cualquier persona te recomienda ir al psicoanalista cuando le hablas de un conflicto personal o, incluso, de una manifestación orgánica que el tratamiento médico no consigue curar. Por qué, entonces, nos va tan mal. Por qué hay más guerras que nunca, por qué más separaciones matrimoniales que nunca, por qué tantos padres educan tan mal a sus hijos y los hacen dependientes de ellos de por vida. ¿Acaso hemos terminado con nuestra propia humanidad?

Freud nos auxilia en este sentido y nos dice que también en el alma del hombre anidan tendencias hostiles y destructivas. El hombre no es un ser bueno por naturaleza. Ha desarrollado instituciones morales y sociales para encauzar esas tendencias y hacer posible la convivencia y el desarrollo de nuestra civilización. Así se desarrollaron las leyes y la justicia para despojar al hombre individual de la posibilidad de venganza, que lo único que consigue es más muerte y desolación. La cultura limitó nuestra libertad, pero a cambio nos permitió salvaguardar nuestras vidas de los peligros de la naturaleza, desarrollar comunidades donde se educa a las nuevas generaciones que incorporan todo el progreso de miles de años de historia humana. Somos, sí, hombres primitivos que tenemos la capacidad de odiar, robar, matar para satisfacer nuestros instintos más egoístas, si nos dejaran. Pero también somos seres capaces de encauzar y educar nuestros instintos para poder buscar nuevas vías de satisfacción que nos permitan amar y ser amados, gozar de lo producido, respetar lo diferente y cambiar, cuando lo viejo no sirve.

También en el alma del hombre anidan tendencias hostiles y destructivas.  

El psicoanálisis es un instrumento de investigación de los fenómenos de nuestra mente, nos ha enseñado cómo somos realmente, cuál es nuestra naturaleza, nos descubre cosas que no queremos admitir en nosotros, porque no somos tan buenos como nos gustaría. Pero también, el psicoanálisis, nos ayuda a ser mejores personas porque nos ayuda a transformarnos, nos lleva desde nuestro infantilismo que desea de forma inconveniente y egoísta, a un funcionamiento más social y maduro donde seamos capaces de convivir y producir proyectos comunes, conversaciones, amar en definitiva. El amor es el gran civilizador. Ninguna represión o prohibición es tan efectiva como el amor. Nadie renuncia gustoso a algo que alguna vez le resultara placentero. Por eso que en el camino del amor aprendereos a renunciar a satisfacciones que ya no son convenientes, a cambio de otras satisfacciones más sociales, más maduras y apropiadas a la vida que cada uno ha construido con su deseo.

El psicoanálisis, nos ayuda a ser mejores personas porque nos ayuda a transformarnos.

Es por este motivo que cualquier acción hostil, abandono o ataque a un proyecto común es una manifestación de estas tendencias hostiles primitivas que todo humano alberga y muestra las resistencias que hay en nuestro propio aparato psíquico, nuestro Yo, a reconocer aquellos deseos que ha reprimido, que le resultan molestos y que el psicoanálisis se propone a movilizar. La única opción para alcanzar el éxito en la vida es aceptar las dificultades, dejarse ayudar, dejar de pensar en uno mismo y confiar en el trabajo para transformar la miseria neurótica en una vida satisfactoria y sana. Lo más caro en la vida es la enfermedad. Quien cede en su deseo, está frito.


Helena Trujillo


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