La valoración de la virginidad

31.10.2018


Por qué motivo la especial importancia de la virginidad que llegó a ser tabú para los pueblos primitivos, disponiendo de rituales para evitarle al marido el primer encuentro sexual con su futura mujer. Qué temía el primitivo y qué se pretende al advertir de ciertas condiciones ante la iniciación sexual. La valoración de la virginidad en los pueblos primitivos difiere mucho de la que le damos en las civilizaciones posteriores, en la actualidad se le da especial valor al hecho de que la esposa llegue virgen al matrimonio, Freud considera esto una extensión de la monogamia, que no sólo exige para el comportamiento de la mujer casada la fidelidad conyugal, sino también el recato para su comportamiento anterior a la relación conyugal.

Al estudiar las condiciones de la sexualidad femenina encontramos que atraviesa una fase de envidia fálica en la que comparándose con el varón adverte su inferioridad orgánica y desarrolla hostilidad por tal diferencia.

Los ritualos primitivos reservan al prometido o futuro marido de la función de desvirgar a su futura esposa. El primitivo considera a la mujer como fuente de peligro. Si nos vamos a la vida actual observamos que tal peligro realmente existe, pero es un peligro psíquico. Generalmente el primer coito supone un desengaño y genera una reacción hostil en la mujer, ofensa en su narcisismo. A veces se produce una frigidez temporal, pero en otros casos se hace duradera. El peligro oculto en la pérdida de la virginidad sería esta hostilidad donde está en juego, como hemos dicho, el complejo de castración.

Muchas mujeres ocultan sus relaciones sexuales, cuando las hacen públicas u oficializan la relación disminuye el interés. La investigación analítica ha descubierto las primeras fijaciones sexuales de la mujer en la figura del padre o el hermano, el marido es siempre un sustituto de esa primera fijación. Del grado de dicha fijación dependerá en alto grado que el sustituto sea o no satisfactorio.

Cuanto más poderoso es el elemento psíquico en la vida de una mujer, mayor resistencia opone la distribución de su libido a la conmoción que provoca el primer acto sexual.

Freud concluye con que el desfloramiento no tiene tan sólo la consecuencia natural de ligar duraderamente la mujer al hombre, sino que desencadena también una reacción arcaica de hostilidad contra él que puede llegar a tomar formas patológicas, como inhibición de la vida conyugal. Segundas nupcias resultan más felices que las primeras.

En la práctica analítica encontramos mujeres que pelean con sus maridos pero no pueden desvincularse de ellos. No lo aman pero no lo pueden abandonar. Permanecen ligadas por servidumbre, pero no ya por cariño. No se liberan de ellos porque no han acabado de vengarse de ellos. En muchos casos, este impulso ni siquiera es consciente para ellas.