La locura

11.04.2019

De la locura dijimos que había por lo menos dos formas visibles. Era tan loco ir a una oficina a trabajar ocho horas diarias, como llegar a su casa todos los días a la misma hora. Comer todos los días, así, como de costumbre. Tener relaciones sexuales con un solo fantasma. Amar a una sola mujer. Amar a un solo hombre. Todo tan loco como sentirse Napoleón en medio de una plaza, sufriendo a los gritos, haber perdido por una tontería, su última batalla. Y sin embargo dijimos que a pesar de la evidente locura en ambos casos, el que se sentía Napoleón, de tal manera, iba a parar al manicomio, y el que vivía la vida denominada normal, vivía la vida, denominada normal. En el arrebato juvenil que proporcionan los encuentros de este tipo, llegamos a atribuirle a la locura un rango filosófico, altura, que nos dimos cuenta, al otorgarla, Ella, tenía, que se denomina locura a todo aquello que venga a perturbar los instrumentos de medida. A todo aquello que denuncia, al expresarse, una tiranía, un dogma.


Miguel Oscar Menassa del libro Freud y Lacan - hablados 1