Hombres ligados a su madre

30.10.2018


En nuestra labor psicoanalítica encontramos un tipo de elección amorosa en el hombre que merece ser descrito por serle característico una serie de "condiciones eróticas" cuya coincidencia queda aclarada en el análisis.

  • Primera condición es de carácter específico, es la que denominamos del "perjuicio del tercero" y consiste en que el sujeto no elegirá jamás como objeto amoroso a una mujer libre, soltera o independiente de lazo amoroso. Su elección recaerá sobre una mujer emparejada con marido, novio o amante. Incluso una mujer indiferente para el sujeto, comienza a ser de su interés una vez que establece relaciones amorosas con otro hombre. Esta condición facilita la satisfacción de impulsos rivales y hostiles contra el hombre a quien se roba la mujer amada.
  • La segunda es menos constante. La mujer casta e intachable no ejerce atracción, quedando reservado para mujeres sexualmente sospechosas, cuya pureza y fidelidad pueden ponerse en duda. "Amor de la prostituta". Esta condición exige liviandad de la mujer, provoca celos, que parecen ser necesarios para este tipo de amantes. Es llamativo que nunca es el marido o pareja "legal" el que despierta los celos, sino otras personas. En casos extremos el sujeto parece encontrarse muy a gusto en ese "mènage a trois".
  • Los amantes de este tipo consideran objeto erótico valioso precisamente a aquellas mujeres cuya conducta sexual es dudosa. Los objetos eróticos pueden llegar a constituir una larga serie, sustituyéndose unos a otros conforme a circunstancias exteriores.
  • Tendencia a salvar a la mujer elegida, pase lo que pase, sin él perdería todo apoyo moral.

Las condiciones de falta de libertad, ligereza sexual de la amada, necesidad de sentir celos, la fidelidad compatible con la sustitución de objeto en una larga serie y la intención redentora, resumen lo que acabamos de ver. Si lo estudiamos, tiene el mismo origen psíquico que la vida erótica del individuo normal. Se derivan de la fijación infantil del cariño a la madre y constituye uno de los desenlaces de tal fijación. Su libido ha permanecido ligada a la madre después de la pubertad, los caracteres maternos permanecen impresos en los objetos eróticos posteriormente elegidos. Así vemos que el perjudicado no es otro que el padre mismo. Ninguno de los objetos amorosos que sustituyen a la madre, como primer objeto amado, proporciona la satisfacción anhelada.

Los hombres que han quedado fijados a este primer vínculo muestran su incapacidad de amar a otra mujer que no ocupe el lugar fantasmático de la madre. El psicoanálisis le ofrece la posibilidad de modificar esta fijación y permitirle la posibilidad de sumar para poder gozar.