DIME, TE ESCUCHO

12.02.2019

Caminaba lentamente, con dificultad como de años, su rostro pálido reflejaba dolor. Qué mutilaciones alojaría su mente que cada paso bordeaba un abismo inexcrutable. Atónitos, acudimos al espectáculo de su caída. Vociferaba sin querer escuchar. Clamaba auxilio, pero no a los hombres, a un más allá de tiempo inalcanzable. Su pelea interior era evidente, los días eran insufribles opacando la belleza de sus gestos y su ternura contenida con agresividad.

¡No quiero morir! Gritaban sus músculos. Su osamenta se estiraba en su mirada de viajes vencidos y las máquinas gorjeaban para hacerla despertar.

¿Dónde estás, mujer de números? Desata la pelea entre palabras. Abandona tu altar de fracasos avivados por la pequeña niña que no quiere envejecer. Quién te dijo que se arrugan los años, que las mujeres sólo pueden aprender a caer. Vuela más allá de las imágenes, conoce el verdadero rostro del amor. Entrégate a este vivir apasionado que olvida los fracasos y corre sobre sílabas más allá de la página.

Hoy no dijiste que vendrías a hablarme, la mueca me hizo señas en su caverna de gritos y aquí estoy, acariciándote en la distancia de ti misma, esperando que puedas esa conversación que te libere de una muerte tan lenta.


Helena Trujillo