ABRIENDO PUERTAS

30.07.2018


Querido,

hoy amanecí rodeada de puertas, no había ventanas y la oscuridad asfixiante me ha llevado a tomar decisiones importantes. Con 44 años y una vida a mis espaldas sentí ese gran vacío, pese a lo vivido, pese a tener la vida que supuestamente quería. En estos instantes no encontré consuelo en mis hijos, en la relación de pareja por la que tanto he dado y esa lucha del trabajo que resulta tan cuesta arriba tantas veces.

Quién ha diseñado todo esto, por qué sentirme tan mal si me va mejor que a tantos otros. Por qué me hago tantas preguntas, sólo quiero vivir y sentirme realizada, huir de estos peligros de mi mente.

Pese a todas las situaciones difíciles que ha habido en mi vida, esta inquietud interior me sobrecoge, nadie me ha enseñado a explorar en mi propia mente las salidas o, peor aún, esos pozos desconocidos donde hay algo de lo que nunca he querido saber. ¿Será de eso de lo que se trata?

Hace unos días encontré en una farmacia, por casualidad, la tarjeta de una psicoanalista y tuve el impulso de ponerla en el bolso. Entonces no sabía que hoy tendría la valentía o la necesidad de usarla. La llamé, desesperada porque si no no habría tenido la valentía de reconocer que sí, que necesito y deseo tener un tiempo para mí, hablar de mis cosas y limpiar, por fin, todos esos pensamientos, recuerdos, reproches, que no me han abandonado y que me han hecho ser una mujer dependiente y quejica. Desconozco por qué no lo he hecho antes, supongo que como muchos otros he tenido miedo de conocerme, de aceptar que lo que no me gusta está en mí misma, de tener que cambiar, de creer que había personas afortunadas y otras que no lo éramos, negando así que aquello a los que admiro o envidio han tenido la valentía de hacer cosas diferentes a las que yo he hecho. Es una cuestión de hacer.

Con la venda aún en mis ojos, mojada por las lágrimas, pero con la alegría de haber reservado horario para mi psicoanálisis, puedo decir que nunca volveré a desconfiar de mí, soy capaz de hacer lo que me proponga, necesito motivos para seguir adelante, nuevos retos. Los miedos absurdos no podrán detenerme porque ya no estaré sola en esta aventura de ser una mujer. Hasta ahora viví lo que viví, pero ya no va más. Necesito otras cosas para que mi vida adopte nuevos sentidos. Hoy puedo decir, gracias a la vida por haberme dado este empujón al diván.


Helena Trujillo

Psicoanalista de Grupo Cero

www.helenatrujillo.es


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