Relaciones peligrosas

18.11.2016

Cuando hablamos de relaciones peligrosas, en muchas ocasiones, solemos pensar en prácticas sexuales de riesgo, contagio de enfermedades, embarazos no deseados. Pero también habría que hablar de relaciones que resultan perjudiciales porque nos impiden o dificultan desarrollar nuestra vida. Esto nos abre el abanico a relaciones de dependencia, relaciones donde no hay una suficiente comunicación, relaciones donde hay mal trato o desconsideración hacia la otra persona. En definitiva, una relación peligrosa es aquella que te hace sentirte mal, que no te permite respetarte como persona y en la cual no puedes desarrollarte de forma saludable.

Mucho tenemos que ver nosotros mismos en el establecimiento y mantenimiento de este tipo de relaciones, siempre estamos implicados en lo que nos pasa. Los descubrimientos de Freud nos ayudan mucho en esto, porque él distingue aquellos pensamientos sobre nosotros mismos de los que podemos ser conscientes, que podemos reconocer y creemos poder controlar, pero nos muestra un camino muy valioso, aquellos otros pensamientos o tendencias que no podemos ver, que no reconocemos en nosotros mismos y que son mucho más importantes aún , porque son los responsables de cómo decidimos relacionarnos y del mantenimiento de las relaciones.

Nada en nuestra conciencia explicaría por qué mantenemos relaciones que nos perjudican, por qué amamos a quien no nos conviene, por qué nos sometemos a quien nos quiere mal o no sabe tenernos en cuenta. Y es que siempre hay una parte de nosotros que se satisface cuando sufrimos, otra parte de nosotros que no conocemos pero que se beneficia de esa situación que vivimos y nos disgusta. Eso nos sirve para poder explicar nuestra incapacidad para tomar la decisión de romper ese lazo que nos ahoga, no podemos porque hay en nosotros una satisfacción en esa realidad que estamos viviendo.

Para poder salir de estas relaciones peligrosas, que pueden referirse tanto a parejas, compañeros de trabajo o familiares, tenemos que cambiar nosotros, modificar ese deseo que se satisface con nuestro sometimiento. Romper es dejar de gozar de esa manera, cambiar de frases, responder de otra forma.