Psicoanálisis para empresas

14.09.2016

Tras el desayuno CEDE, celebrado en Madrid el 13 de septiembre de 2016, contando como invitada y ponente a Rosa García, Presidenta y Consejera Delegada de Siemens en España , presidenta de la Cámara de Comercio Alemana en España, consejera independiente de Acerinox y Bankinter; me hago estas reflexiones. 


No cabe duda de que la clase dirigente de las empresas, ejecutivos, consejeros, directores y empresarios, busca posicionarse, hacerse ver, y con ese motivo se reúne en eventos de estas características donde, a pesar de no ofrecerse información demasiado valiosa sobre la situación real de las empresas ni sus intenciones futuras, se invierte parte del tiempo para encontrarse con otros conocedores de que los negocios se gestan en las relaciones interpersonales.

A pesar de este conocimiento implícito, llama la atención la ingenuidad, desconocimiento o rechazo de aquellos procesos psíquicos que intervienen y afectan a las relaciones profesionales y a la productividad en el trabajo. En pleno desarrollo tecnológico, cuando las redes de comunicación son más amplias que en ningún otro momento histórico, todavía no se habla ni reconoce la determinación de los aspectos psíquicos en el trabajo y en la consecución de los objetivos. Se sigue estando dispuesto a invertir millones de euros en desarrollos tecnológicos ignorando que las personas, directa o indirectamente, participarán en los procesos productivos y, como último eslabón de la cadena, hay un cliente que, pese a las cifras y datos, sigue siendo una persona con procesos psíquicos, emocionales, afectivos.

Nuestra alta especialización en el estudio y trabajo sobre los procesos inconscientes de las personas nos capacita para alertar del grave riesgo que supone seguir excluyendo de los consejos de empresas, de los planes estratégicos y de los desarrollo de productos, la visión psicoanalítica sobre la empresa, las relaciones que en ella intervienen y los deseos que sobre la actividad se proyectan.

Si bien inciden sobre la personalización de los productos, la valorización del cliente como alguien cada vez más informado y exigente, lo siguen considerando como algo simple, medible y fácilmente manipulable. Los que creen manejar los hilos que nos dictan nuestras pautas de consumo se equivocan, lo que maneja la vida humana es el deseo y este siempre busca algo imposible, no un objeto, sino una satisfacción afectiva, un retorno a la seguridad. Más que una guerra de precios, con la consiguiente merma de la calidad de los servicios y los productos y, el maltrato a los trabajadores y pequeños empresarios condenados a desaparecer, el futuro del mercado está en aprender a manejar el instrumento psicoanalítico, aprender a leer las necesidades afectivas de los consumidores, ellos estarán dispuestos a pagar lo que sea necesario, siempre y cuando tengamos en cuenta su inteligencia inconsciente.

Las empresas del futuro no son aquellas con más valor tecnológico, sino con más valor humano. La tecnología es barata en manos del usuario, pero la producción de una inteligencia sobre la propia vida es lo más valorado y difícil de conseguir, no se puede regalar. Las empresas que inviertan en sus clientes tratándolos como personas, permitiéndoles pensar un futuro mejor, serán las empresas destinadas a crecer y conseguir lo más difícil, ser recomendadas por sus propios trabajadores y clientes.