Psicoanálisis Online

28.12.2016

Ella hoy llegó temprano, apurada, como de costumbre, comenzó a hablar del agobio que suponía en el trabajo que el jefe les apurara con los plazos de entrega de las últimas facturas. Cada trimestre vuelta al estrés y las exigencias que ella llevaba tan mal. Esos días, siempre bebía un poco de vino por las noches para calmar los nervios y olvidar las ganas de matar que, durante el día, había sentido hacia sus compañeros de trabajo, familiares.

Se considera una mujer pacífica, amable, pero con un currículum de enfados y peleas. Desde su primera amiga en la guardería, lucha que comenzó por un pintalabios que se disputaban. Aún dice recordar el olor de los eucaliptos en el patio, las colchonetas sobre el piso a la hora de la siesta y  el mogollón de padres recogiendo a los niños, uno a uno, a manos de las monjitas. Ella siempre quería ganar, ser la primera en salir, la primera en gustar, la primera, algo que no había conseguido porque su madre había tenido la brillante ocurrencia de tenerla en sexto lugar. Luego serían los hermanos, los compañeros del colegio, los compañeros de trabajo, su pareja, sus candidatos a pareja sus contendientes en sus irrelevantes disputas.

Siempre hay algún motivo u otro para enfuruñarse y distanciarse de las personas que forman parte de su vida, yo debo ser una de ellas, que si le dije esto, que si le cobro, que si siempre le pongo alguna dificultad que le hace difícil proseguir con su psicoanálisis. Está claro que no soporta estar contenta, debe ser de esos que creen en la ley de Murphy, si algo va bien llega alguien y lo estropea. Siempre llega alguien, ¡Oh, mundo cruel! ¡Por qué existen otras personas, por qué hay que hablar!

Desde que comenzó su psicoanálisis la relación terapéutica ha sido irregular. Días donde le parece maravilloso la posibilidad de hablar, psicoanalizarse, aceptar en ella la existencia de deseos contradictorios, aprender a convivir de otra manera. Y días donde nada vale la pena, dinero tirado, una vida de mierda que no quiere para nada porque no es como ha pensado, como le gustaría, como la de los otros. Entre tanto, nunca ha interrumpido su proceso psicoanalítico, siempre ha pagado, a tiempo o tarde, por épocas. Siempre alguna excusa le ha valido para no hacerse cargo de su dificultad de mantenerse en algo, presa de sus sentimientos, vive en un tobogán que nunca se sale por dónde va a salir.

Dice que anoche no bebió, a pesar de tener un día asqueroso, ya sé, el tema de los impuestos, la presión, algo que se repite a cada tanto, pero ella ayer llegó a casa y no se dejó llevar por su frecuente y temporal melancolía. Su mesa llena de libros, el ordenador abierto con varias páginas en el navegador y varias tareas que, aunque se queje, le gusta hacer. Es trabajadora, llega a reconocer tener más energías cuando hace que cuando permanece pasiva. No sabes cómo se pone cuando no se pone con alguna tarea, es casi insoportable. Las fantasías sexuales han estado muy presentes, a veces tanto que afirmaba estar dominada por el sexo, como si los demás no estuviéramos sometidos a la misma presión del cuerpo. Ahora parece que ha calmado su fantasear, está más tranquila en un giro que se produjo en los últimos meses. Anoche llegó a casa, preparó una ensalada ligera y tomó un libro de poemas que hace bastante no leía, uno de sus autores favoritos. Fue hermoso, cuenta, volver a leer sus poemas, los lees de otra forma. Después de haber leído poemas suyos de los últimos años, lees de otra forma, vas acercándote al hombre que escribía, era un hombre, detrás de los libros hay personas, esas con las que ella afirma llevarse tan mal.

Dice que está muy confundida, se maltrata porque ella también quiere ser escritora, pero siente que no reúne las condiciones, no tiene nada que decir, no ha leído lo suficiente, no ha vivido lo suficiente, los otros... Qué gran obstáculo, siempre hay otros, siempre el mundo está ahí, inabarcable. Cómo aceptar que el mundo será otro para ella si escribe, si deja esa nada que es un humano transformada en palabras, historias, relatos que hablen de no se sabe qué a no se sabe quién. La vida es un no saber que se vive, porque el destino es hacerla no pensarla, no entenderla.

Está bien darse cuenta de que nadie te da nada y esa nada que poseemos puede transformarse con generosidad y trabajo en una vida con producción social.

Continuamos la próxima.


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