Mujer y Poder

21.09.2016

No ha de ser una reivindicación, sino para nosotras mismas, la propuesta de MUJER Y PODER. Seguir pudiendo, seguir hablando y trabajando para que las mujeres del siglo XXI y los siguientes puedan producir sus propias vidas. 

El reto no es fácil, pero tampoco lo es para los hombres. Compartimos la complejidad de nuestro desarrollo psíquico y social, nacemos con la disposición, como humanos, de hacernos humanos, pero en este proceso necesitamos de otros, desde la familia a la estructura social de la que hemos heredar todos los avances de los que ha sido capaz nuestra civilización. Crecer y asumir lo heredado, formar parte de la cadena humana, será lo más natural y lo más complejo, pues en ello se nos va la vida.

Las diferencias entre hombres y mujeres tampoco las reconocemos, partimos de caminos paralelos y, al mismo tiempo, tan diferentes que determinan que todavía no llegamos a conocer y valorar lo femenino. Aún seguimos necesitando comparar a la mujer con el hombre, limitarla en esa comparación porque a ellas se les atribuye tanto y se desconoce tanto que la moral trabaja, incesantemente, para recluirnos en la familia, en valores que no tienen en cuenta las diferencias individuales ni las características de los deseos humanos.

Como consecuencia de esta incomprensión a las diferencias, de este anquilosamiento moral que actúa en nosotros y nosotras de forma inconsciente, se siguen manteniendo obstáculos que nos dificultan o impiden nuestro desarrollo personal/laboral/económico. Si bien es cierto que podemos nombrar excelentes científicas, escritoras, profesoras, doctoras, músicas, etc... que forman ya parte de la historia, aunque no siempre han ocupado un lugar visible, por cuestiones que ya conocemos y seguiremos ahondando en nuestros próximos encuentros, todavía hay mucho camino por delante, todavía hay más obstáculos que facilitadores para que podamos desarrollarnos en la sociedad, todavía es más fácil perder derechos que ganarlos, y testigos somos de estos últimos años donde leyes que costó años y trabajo conseguir, se han perdido fruto de políticas que no valoran el progreso femenino.

Sirva este espacio para preguntarnos y preguntar, por qué no queremos PODER o por qué no utilizamos el poder que tenemos para fomentar el desarrollo de la mujer, su empoderamiento en las estructuras donde se deciden los cambios, donde se maneja la economía, donde se legisla. Seamos pues críticas con los estatutos sociales que así lo impiden y con los elementos que en nosotras mismas actúan en lo inconsciente dificultándonos cada paso, haciéndonos culpables por desear otras cosas, buscando el castigo por abandonar un destino que otros habían pensado para nosotras.