Más allá del principio del placer

30.08.2017

La prioridad y la originalidad no pertenecen a los fines hacia los que tiende la labor psicoanlítica.

Hemos resuelto relacionar el placer y el displacer con la cantidad de excitación existente en la vida anímica, no ligada a factor alguno determinado.

Es inexacto hablar del dominio del principio del placer sobre el curso de los procesos psíquicos.

Existe en el alma una fuerte tendencia al principio del placer, pero a ella se le oponen otras fuerzas o estados.

El principio del placer corresponde a un funcionamiento primero del aparato anímico y es hasta peligroso para la autoafirmación del organismo frente a las dificultades.

Bajo el influjo del instinto de conservación del yo queda sustituido el principio del placer por el principio de realidad, que trabajando para el principio del placer, existe y logra el aplazamiento de la satisfacción y el renunciamiento a algunas de sus posibilidades de alcanzarlo.

Nos obliga a aceptar el displacer durante el rodeo necesario para llegar al placer. El instinto sexual es más difícilmente educable y llega a dominar el principio de la realidad para daño del organismo.

Otra fuente de displacer se produce por el proceso de la represión. Los impulsos incompatibles son apartados del Yo mediante la represión, privándoles de la posibilidad de satisfacción, pero manteniéndolos en grados más bajos del desarrollo psíquico.

Si consiguen llegar por caminos indirectos a una satisfacción, como ocurre con los síntomas neuróticos, es sentido en el Yo como displacer.

Todo displacer neurótico es placer que no puede ser sentido como tal.

El placer y el displacer son sensaciones conscientes que aparecen ligadas al YO.