El displacer de aprender

10.11.2016


Desde nuestros más tiernos años infantiles, estamos sometidos al proceso de enseñanza/aprendizaje. Nos vemos comprometidos, sin quererlo, en enseñanzas regladas e informales con el objeto de hacer de nosotros hombres y mujeres capaces de desenvolverse en el mundo y vivir su propia vida. Estas obligaciones van a acompañarnos muchos años, empujados primero por nuestros padres, luego por las necesidades del mercado laboral, por nuestros gustos. Pero, ¿acaba alguna vez nuestra relación con el aprendizaje? ¿Podemos dejar de aprender?

Está claro que aprender es un trabajo, forzoso, como decimos, no siempre es lo que nos apetece, pero sí lo que nos conviene, en este sentido el aprendizaje podemos calificarlo como un proceso no placentero, en tanto supone un compromiso de trabajo por nuestra parte y la renuncia de otras satisfacciones más apetecibles e inmediatas. A veces no llegamos a comprender en toda nuestra vida lo importante que es para nosotros estar inmersos en el continuo proceso de aprender.

Muchas veces deseamos fervientemente "librarnos" de esa condena, quedarnos con lo que sabemos, arreglárnosla con la vida que hemos sido capaces de producir. Sin embargo, este sentimiento, si así podemos denominarlo, es neurótico, engañoso, pues la vida va a ser un continuo proceso de adaptación a cambios y exigencias, nunca vamos a estar seguros de mantenernos en la situación que vivimos en la actualidad, dependemos por completo de los demás y las circunstancias. Por ese motivo, ser personas dispuestas a cambiar, desarrollar nuevas habilidades, tener la posibilidad de nuevos compromisos es como tener un seguro de vida sin la necesidad de contratarlo.

El proceso de trabajo en el psicoanálisis personal es paralelo a esto mismo que estamos describiendo, pues supone aceptar un trabajo productivo sobre nuestra propia vida donde el resultado no se va a parecer a la materia prima de la que partimos, pero que, a su vez, será materia prima de los siguientes aprendizajes. Nuestra defensa a ultranza de lo que somos y de cómo vivimos, como estamos viendo, es un absurdo, en tanto vivir no depende nada de nuestros gustos y mucho de nuestras posibilidades de adaptación continua a las exigencias y cambios que nos demanda la realidad social.

Ser aprendices durante toda la vida será la aceptación de cierta cuota de displacer a cambio de grandes ventajas, entre otras, la inteligencia, la salud. Por ello, deberíamos revisarnos si hay en nosotros algo que no nos deja avanzar y nos impide tomar las decisiones oportunas para seguir aprendiendo. Nunca es tarde, pues, para aprender un idioma nuevo, para desarrollar una nueva habilidad, para iniciar una carrera universitaria o comenzar un proceso psicoanalítico, porque nuestra vida acaba el día de nuestra muerte, hasta ese día nuestra tarea tendría que ser caminar hacia ella en las mejores condiciones, con los máximos logros.