El arte de dirigir

24.11.2016

El director de un proyecto, como en este caso el director de cine, debe saber coordinar al equipo para hacer llegar a buen término el proceso de trabajo/creación.

El trabajo del director de cine, une a su tarea de coordinación del equipo, la de someterse al proceso creativo que exige sacar lo mejor de su elenco de actores y el desarrollo de su visión del producto antes de ser terminado. Si bien sabemos que en proceso de creación el resultado siempre ha de sorprender tanto al público como a los agentes activos en el mismo, es cierto, que el guión debe regir y el directo debe velar para que los miembros de su equipo hayan podido entenderlo, aceptarlo y transmitirlo.

Asumir que por director sabrá desarrollar exitosamente la propuesta, es adelantarnos a una valoración que no siempre aprueba sus capacidades. No podemos atribuirle, por ser el que ejerce el poder, que sepa tener en consideración las diferencias personales de cada uno de los miembros de su equipo, ni que tenga la capacidad de transmitir adecuadamente el deseo a los mismos. Ser director no quiere decir estar sano, ser generoso y permitir que tus actores brillen. La envidia y los celos también están presentes en muchos de los directores, sentimientos inconscientes que en muchas ocasiones pueden cristalizarse en malas relaciones y reacciones a los actores o actrices que coordina.

Asimismo, por su papel en la ostentación de un papel privilegiado, sobre su figura se proyectan todas aquellas complicaciones de la función del poder o de la función padre, como autoridad, como ideal o, en último término, alguien con una posición de privilegio con respecto a los demás. Esto genera ambivalencia sentimental (amor-odio) por parte de los miembros del equipo, sobre todo aquellos más cercanos al director, así como sentimientos, también ambivalentes del propio director hacia aquellos con los que mantiene estrechas relaciones.

Así vemos relaciones director-protagonista cargadas de amor/atracción sexual, hostilidad/odio, que generalmente no son interpretadas y, por ello, pueden generar situaciones descontroladas y crisis durante los rodajes. No puede obviarse, que el tiempo de creación de la película, pre-producción, rodaje y post-producción, están cargados de tensiones, expectativas y situaciones emocionales que suelen ser mal abordadas u obviadas, produciendo daños en las personas más débiles o más implicadas.

Freud ya había puesto de manifiesto en numerosas ocasiones que el ejercicio de una profesión artística no estaba reñido con la existencia de una neurosis, por ese motivo, recomendaba el uso del método psicoanalítico para facilitar la labor creativa y, sobre todo, mejorar la salud del artista, ya que una persona sana es mucho más productiva y sociable.

Como en cualquier otra circunstancia de la vida personal o laboral, nadie puede asegurarnos que no caeremos en manos de un desalmado, de un perverso que goza haciéndonos sufrir o un psicópata dispuesto a destruirnos para conseguir su objetivo. Sin embargo, la responsabilidad sobre nuestra propia salud cae sobre nosotros mismos o sobre la sociedad, si queremos aceptar que las personas formamos parte de una red en la que otras personas se ven afectadas por nuestro propio curso vital. El actor, la actriz, el profesional de la escena es responsable de buscar la ayuda necesaria para poder hacerse cargo de una relación "difícil", para no dejarse tentar por sus tendencias masoquistas, esa necesidad de castigo que en muchas personas se muestra debido a un sentimiento de culpabilidad inconsciente que suele estar presente en la mayoría de las personas.

Nadie puede obligar a nadie a ser mejor de lo que su constitución le permite, pero sí podemos apelar a la necesidad de producir un campo de relaciones profesionales más humano, donde sean tenidas en consideración las necesidades afectivas de los profesionales, pues no podemos pasar por alto que en el desarrollo de una labor profesional el trabajador no deja de ser una persona que despliega sus necesidades afectivas y, por ello, sensible a los efectos que los demás nos suscitan en nuestro campo psíquico.

Llegados a este punto de reconocimiento de la cruda realidad, podemos proponer condiciones favorecedoras para el proceso creativo en el cine, condiciones que tengan en cuenta el funcionamiento de las relaciones humanas, los afectos desplegados en el campo psíquico generados por la interpretación de un personaje, la identificación, la envidia y los celos entre los actores y actrices, el sometimiento o rebeldía a la autoridad, así como el ejercicio despótico del poder. Los actores no deben ser víctimas de su trabajo, sino artistas con un alto grado de sensibilidad que deben ser ayudados y guiados de forma amable y humana para poder realizar un buen trabajo y no quedar dañados tras la realización. Los directores son, pues, los máximos responsables de exigir que esto ocurra así.

El Psicoanálisis es el método más eficaz para leer y modificar estos procesos ya que no siempre transcurren de forma consciente y, en la mayoría de los casos, enfermedades, lesiones, conflictos durante el rodaje son manifestaciones disfrazadas de las tendencias afectivas inconscientes desplegadas en el curso de esas relaciones profesionales. Las personas somos seres complejos, divididos, una parte de nosotros muestra coherencia y cohesión, mientras que otra parte inconsciente busca fines diferentes a la coherencia, busca la satisfacción de sus pasiones más primitivas del cariz del odio y el amor. Un buen director, como en la orquesta, debe saber acompasar estas pasiones para que el sonido final sea bello y posible de ser disfrutado por todos.

Helena Trujillo

Psicoanalista de Grupo Cero

heltrujillo@gmail.com

www.helenatrujillo.es