¿Cómo reconocer el deseo de ella?

19.11.2016

En realidad nos cuesta hablar de sexo, nos cuesta hablar. Vivimos en una sociedad muy reprimida. Una de las dificultades mayores que tendremos que atravesar en nuestra vida es aceptar y tolerar la existencia de otros, otras personas diferentes a uno mismo y con las que tendremos que convivir y compartir. No saben cuánto cuesta eso, muchos nunca lo consiguen. 

Los síntomas neuróticos y muchos de los conflictos del mundo son muestra de esto, no soportamos a los demás, queremos imponernos, queremos ser únicos. Si hablamos de sexo por supuesto que va a tener que ver la necesidad de aprender a estar con otros, escuchar, hablar. Podremos decir que aún estamos aprendiendo. Es como si tuviéramos los ojos entornados y podemos ver más o menos a través de la grieta. Nuestras vidas son turbias, no luminosas, porque nosotros mismos nos reprimimos, herederos de una moral que nos coarta, que no tolera nuestras múltiples formas de gozar, que no tolera las diferencias.

Si de gozar en las relaciones se trata, lo primero que tenemos que aceptar, y aceptar es trabajar día a día que ninguna persona nos pertenece, que aquella persona a la que amamos no puede asegurarnos nada, los deseos que sostienen la relación no pueden asegurarse, sino producirse. Por eso, acabamos con los deseos cuando queremos pegarnos al otro, vigilarle, censurarle, juzgarle. El goce no tolera ningún juicio. El goce es el goce de las diferencias, la producción de algo nuevo.